10 noviembre 2010

Sin tildes (III)

Después de mucho tiempo el otro día me compré un libro, un librito, más bien. Barato, pequeño, sexy. Una tarde tonta y derrochadora en la Fnac la tiene cualquiera.

El caso, os cuento, es que me lo he estado leyendo a pequeños mordisquitos aquí y allá por los bares del barrio. Cuando lees en un bar lo que estás haciendo es posar, hacerte visible, fardar un poco, si me entendeis.

Así que me dije, vamos a posar. Un ratito en esta barra y luego en otra, mariposeando las flores más rancias de la hostelería de la latina.

La clave del asunto es elegir los bares adecuados para que la estampa sea eficaz. Digna de ser observada. Nada de cafeterías chic o molonas llenas de cools que nada hacen más que coolear. Que eso está muy bien para un ratito. Pero cansa. Hay que ver la cantidad de gente a la que le resulta insoportable quedarse en casa solitos y tienen que bajar a los bares con sus chaquetas molonas, no vaya a ser que se les escape el próximo polvo, la próxima conversación idiota, la próxima raya.

Decía, pues, que me leí el librito en las barras de los taxistas, de los bares feos y muy de pueblo que tanto abundan en mi barrio. Encajar, lo que se dice encajar pues no encajaba. De eso se trataba, de elegir un entorno poco propicio para resaltar todavía más si cabe mi estampa bohemia del todoacien del H&M. Durante breves ratos fui ese jarrón que tenemos en el salón y que no hay puta forma de colocarlo adecuadamente. No pega con nada pero cuando lo vimos en la tienda nos molaba.

El libro me gustó. Pequeñito, manejable, ágil. Incluso tres chicas tres, se acercaron a pedirme fuego. Lo juro. Tienes fuego, si por supuesto. Chik, chik (o como suene la puta piedra de la chispa esa) gracias, no hay de qué.

Ahora me digo yo. ¿Cuántas chicas se me acercan a pedirme fuego cuando estoy en esas mismas barras dándole duro al pincho de tortilla y al cafelito a las cuatro de la tarde muerto de hambre y con el periódico? ¿Cuántas? Pues ninguna.

Pero no hay nada como crear estampas, visualizarse desde fuera y darle al piloto automático del cooleo-literato-pasaba-por-aquí-no-molo-más-porque-no-quiero.

El libro bien, muy recomendable, muy baratito y pequeñito.

****

Ya he recuperado las tildes, pero se llama así esta cosa por eso de terminar una trilogía y por recomendación de una antigua lectora de las que llevan años comentando y a la que le estoy muy agradecido aunque no se me note nunca.

****

Otra cosa mariposa. Aquí un señor muy majo incluye en su periódico online uno de mis textos de hace tiempo. Así que echadle un vistazo si quereis leer otras cosas bien aseaditas e interesantes.

Periódico Irreverentes

29 octubre 2010

Sin tildes (II)


La mujer coloca el segundo tubo y mi sangre salta a su interior con eficiencia. De repente el proceso se detiene y el tubo no se llena del todo. Ella dice que estara defectuoso. Utilizare una jeringilla para terminar. Sale del cuarto para buscarla y contemplo la aguja clavada en mi brazo.

Pues bien, pienso.

Con mi mano libre agarro el diario que descansa en mi regazo. Echo un vistazo a la contra y me sale Millas diciendo "A esta hora de la mañana te toca analisis de sangre"

Miro nuevamente mi aguja. Bien, ahi sigue. Efectivamente, no he soñado ninguna de las dos cosas.

....

Despues de dos horas de espera dejo de contemplar los rostros de la gente. Miro la baldosa mas cercana a las puntas de mis pies y me hago el dormido. Todo depende de que mis plaquetas digan aqui estamos y queremos pelea. Si no lo hacen me mandaran a casa sin darme la quimio. Realmente no se que es lo que me apetece. Me da exactamente igual quedarme que marcharme. Despues de dos horas contemplando los rostros de la gente solo me queda la baldosa. Desenfoco las puntas de mis pies y me quedo a solas con ella, todo lo demas desaparece.

....

Tengo por fin un numero de plaquetas elevado. Para celebralo mi oncologo y yo decidimos envenenar mi sangre y matarlas a todas.

....

Espero frente al ordenador la llegada del bicho. El calor. El sofoco. Fuera ha llovido y abro la ventana porque esteticamente queda muy bien hacerlo. La ventana esta abierta. Vuelvo al sofa y recojo el diario del suelo. Vuelvo a ver la cara de Millas en la contra y sus cuatro columnas.
Me da miedo pasar de la primera frase y descubrir, que en el fondo, no estaba hablando de mi.

....

Leo.

....

Dejo de escribir.

26 octubre 2010

Sin tildes y a lo loco


Resulta que para que me asegure una hipotetica descendencia tengo que eyacular en un bote y salir corriendo al hospital para que unos señores y señoras muy simpaticos lo congelen. De tal forma que yo, el dia de mañana, pueda encargar mi descendencia con una simple llamada telefonica. Ya estoy viendo el momento, cuando encuentre a esa mujer de mi vida, mi brujula, mi norte, mi amada, diciendo eso de “vayan descongelando cuarto y mitad de lo mio que ya estan tardando en darme esos churumbleles listos y rubiales que le faltan a mi relacion”

La verdad es que me siento mas cerca de la vasectomia que de la procreacion. Igual que mas cerca de la solteria que del noviazgo. Sera la edad, sera el cansancio.

El tema es que mi escaso interes por perpetuar mi inteligencia de todoacien hizo que pasara del asunto y lo fuera posponiendo hasta el ultimo dia, horas antes de la primera sesion de quimioterapia (habreis notado que no he puesto ni una sola tilde y es que mi ordenador no me deja, se ha jodido el boton o algo pero me la trae floja, ya se nota a leguas que este es el tipico post de a prisa corriendo para hacer tiempo antes de que acabe la lavadora).

Asi que me encuentro el dia D a las ocho menos cuarto de la mañana en mi sofa. En la mano izquierda el bote de muestras, en la derecha todo el porno mundial esperando a mis certeros clicks. Sincronizo mi momento algido con la hora a la que tengo que salir de casa para ir al metro donde me espera Rosario.

Cuando llega el momento en cuestion trato de acertarle al muñequito pero descubro, oh, tonto de mi, que el ancho del bote no es el apropiado para acertar el tiro libre, ni tan siquiera para machacar la canasta. Me rozo, me hago daño y el primer chorretazo muere en el suelo. Logro acertar ligeramente en el interior del recipiente con el resto del asunto. Avergonzado y con el bote entre las piernas salgo pitando hacia el hospital.

Tres dias sin eyacular, una planificacion casi perfecta de la mecanica, toda la noche sin dormir por miedo a no despertarme a tienpo, todo para nada.

Tanto nadar para luego, morir en la orilla.


P.D: "en este otro blog se destila más ternura, más vida, más cojones, más socialismo, más dolor real por la vida que en todos los artículos de domingo del año"
Lector Malherido me menciona en esos terminos en su ultimo post.
Lo acabo de leer y quiero decir que yo con este señor no me he acostado, lo juro.

16 octubre 2010

38 y medio

Supongo que alguien tiene que seguir despierto cuando yo me quedo dormido. Alguien tiene que levantarse a las cinco de la mañana y vivir el dia como si fuera lunes. Supongo que tiene que haber una cantidad innecesaria de personas haciendo cosas aburridas.

Gente que hace cosas aburridas y discute sobre cosas aburridas y dice esto y lo otro y luego sale corriendo que llega tarde y pide disculpas y luego pagan las facturas y más tarde piensan en el futuro y en lo más conveniente que siempre es algo que no emociona demasiado pero que tampoco te mata. Esa gente que está haciendo cosas detrás del cristal todos los putos días del año. Te asomes cuando te asomes siempre hay alguien haciendo las cosas que se tienen que hacer. Procurando, intentando, avanzando.

Siempre tiene que haber gente haciendo cosas aburridas, todos los días, todo el tiempo, en cada instante.

Gente que se ocupa de llenar la caldera, haciendo que todo esto funcione y podamos decir, de vez en cuando, que nos aburrimos.

13 octubre 2010

Carboplatino con naranja


Seis días hace desde la primera sesión de quimio. Mucha mantita, mucho edredón y mucha serie yankie inundándolo todo. Maria pegadita a mí, cocinando, charlando, paseando, durmiendo.

La cosa no ha sido para tanto. Tres días de cierto malestar, de cierto acaloramiento pasajero capaz de convertir el cerebro en un elemento gaseoso que se desperdigaba por el cuarto. Por suerte apenas he tenido nauseas.

Así que mi llamamiento general, en plan venga todas venid a mí que esto se acaba y cerramos el chiringuito, quedará aplazado hasta más ver.

Pasados los efectos secundarios solo queda un cansancio bastante llevadero. La médula ósea está para el arrastre, de forma que la disminución de leucocitos, glóbulos rojos y toda la parafernalia tocará fondo este fin de semana. Así que nada, mucho reposo y mucho nada de nada. Contaré miles de veces las vigas tan monas de mi techo y dormiré las catorce horas que yo mismo me he recomendado para acortar los días.

Las mañanas son buenas, pero con el transcurrir de las horas el empanamiento va haciendo mella en mi cuerpo.

En el fondo me gusta estar un poco malito.

Reducir la actividad a mínimos me produce cierta felicidad extraña, áspera, seca.

15 septiembre 2010

Ni mojo ni niño muerto

Ciertamente todo esto no es como me lo imaginaba. Quiero decir que yo no estoy como me imaginaba.

Para que os voy a engañar a estas alturas. Cuando me dijeron lo que tenía pasé por varias fases en pocos días. Rabia, miedo, presión… os mentiría si no os confieso que cierta alegría. Digamos que tener un cáncer es la excusa perfecta para justificar los poco logros que a ojos de los demás, he conseguido en mi vida. Tener cierto problema de salud me ayudaría a justificar mis fracasos al menos momentáneamente.

No me miréis tan raro, creo que ya sabéis la clase de gentuza que puedo llegar a ser. El caso es que pensé en las posibilidades que todo este asunto me proporcionaría. Horas de conversación sobre efectos secundarios, reflexiones profundísimas sobre pensamiento positivo y grandes dosis de autocomplacencia. Todo esto está bien, no digo que no.
También albergué la esperanza de que la depresión hiciera mella y recuperar el mojo que me impedía escribir algo interesante desde ya no recuerdo cuando.

Pero es curioso, la cierta indiferencia con la que manejo la mayoría de mis asuntos me ha permitido cierto distanciamiento esta vez.

La gente espera que de alguna manera todo esto te cambie. Que entiendas todas esas cosas sobre la vida y tomes cartas en el asunto. Y yo me pregunto, es que acaso no lo hemos entendido todavía? Necesitamos que algo coyuntural como esto nos ayude a ser mejores?

Realmente necesito ser mejor persona? A mi me sirve bastante con lo que soy, de forma que no me preocupa en absoluto. Esto es un juego sin demasiado sentido y todo lo demás, todo lo que hacemos, es llenar el tiempo muerto.

Agradezco infinito todas las muestras de cariño y afecto que en los últimos días me habéis manifestado. La preocupación ajena ha sido tan abrumadora que casi ha sobrepasado mis límites sociales. Supongo que no estoy preparado para asumir tanta atención, y por eso os pido disculpas. Quedan infinidad de mensajes por responder y un buen numero de tardes sin contestar al teléfono. A veces todo es demasiado grande para mi.

El jueves es el día. Entonces sabré que es lo que haremos.
Hasta entonces, no nos preocupemos demasiado.

01 septiembre 2010

Marcadores cancerígenos

Mis niñas me han dejado a solas en casa durante un par de horas. Un tiempo necesario para mirar hacia dentro y analizar lo pasado.

Esta mañana no me duele apenas la cicatriz. Lo que ayer era un complejo dolor lleno de curiosas punzadas, hoy no es más que una molestia sencilla y manejable. Desperté y al abrir los ojos casi me incorporo de un salto. No recordé el motivo que me había llevado a esa cama y por unos instantes el problema había desaparecido.

Todavía no sé los resultados del análisis patológico. Tardarán un par de semanas en informarme de lo que tendremos que hacer después y todas las posibilidades de tratamiento.

Lo que sí he hecho es ensayar todas y cada una de las caras que pondré en función del diagnóstico. Todas las posibilidades están valoradas, etiquetadas y almacenadas en mi estantería imaginaria. Cuando mi doctora diga algo, yo solo tengo que elegir la reacción adecuada, abrir su esencia y empaparme de ese sentimiento ya sentido, ya probado, ya ensayado frente al espejo.

Las grandes reflexiones las dejo para más adelante. Ni he visto la luz ni he tomado conciencia de la fragilidad humana. Tampoco es que me vaya a hacer buena persona de un día para otro y desde luego, tampoco pienso correr a comprarme ningún libro de autoayuda. Sencillamente esperaré, lo más tranquilo posible, mientras ensayo un nuevo yo que se haga cargo del asunto en un futuro.

Una frase de la canción de una amiga ronda mi cabeza ahora.

Ojalá que mañana pase algo bonito.

De una puta vez, añado.