22 abril 2010

Los toros

Hace semanas una polémica de altura intelectual comparable a la cabra en el taburete nos vino a sacudir una vez más. A raíz de una ley que decía no sé qué, mucha gente opinó sobre el asunto tratando de convencer al resto de sus razones.

El asunto era los toros. La fiesta nacional. España, sus señas de identidad y el puteferio patrio. Unos condenando el maltrato animal y otros queriendo conservar el espectáculo que tanto les gusta. Muchas razones cruzadas y muchas páginas con lo mismo.

A mí me pilló de buenas, de tal forma que me lancé a consumir las opiniones ajenas como si de una barra libre moral se tratase. Finalmente el aburrimiento ganó la batalla. Nada nuevo bajo el sol. Cada tres años el tema sale a debate y durante un periodo corto de tiempo los listos del país muestran su filete intelectual o su propaganda progre de alta alcurnia. El resultado es el mismo, nadie convence a nadie. Como siempre.

No pude leer ningua opinión realmente novedosa o arriesgada, nada que me hiciera tiritar de frío, por decirlo de alguna manera.

Los unos aduciendo que algo tan nuestro y que nos aporta generosos beneficios bien debería estar protegido, aseado, y finamente explotado para solaz del turismo y disfrute de aquellos aficionados que entienden bien el arte del toreo. Ese José Tomás, qué arte más grande mi niño.

Está claro que los toros son una actividad tremendamente arraigada en nuestro país y que genera dinerito del bueno e incluso puestos de trabajo. Claro está que el que prohíban algo que te gusta te jode y lo natural es intentar que no te lo quiten. Claro está que desde que el mundo es mundo, una de las cosas que más nos ponen y a las que más tiempo hemos dedicado es a la tortura. Imaginación y empeño nunca nos ha faltado. El hijodeputa que todos llevamos dentro disfruta mucho torturando a sus semejantes y a los animales con sorprendente profesionalidad y numerosos parches morales que lo justifiquen. Que somos gentuza está claro y a mí casi que me parece bien. O lo mismo me da.

Sabeis de sobra, aquellos que me conocéis, que soy muy poco partidario de las causas colectivas. A mí, francamente, el sufrimiento animal me la trae un poco floja. No firmo las cartas de condena ni rebobino los dvds cuando los llevo al videoclub. Soy consciente del pequeño cabrón que llevo dentro y procuro, con suerte dispar, que su voz no se alce demasiado.

Ahora bien, me interesa el tema desde un punto meramente racional. Casi lógico. Todos sabemos lo que se opina sobre el asunto, y al final nadie convence a nadie. Ahora bien, como en cualquier discusión, aunque no en todas, creo que alguien tiene la razón.

Para resolver el entuerto tendremos que saber quién la tiene. Creo que dos puntos de vista opuestos no la pueden tener. De forma que sin tener que analizar mucho ya sé de que parte está la razón.

Aquellos que opinan que los toros son una canallada y deberían estar prohibidos tienen la razón. Así de claro lo digo y creo que todos, absolutamente todos, incluído el último banderillero de cádiz, lo sabe.

Llegados a este punto aquellos que legislan y deciden tienen que pensar qué hacer. Ese sí es el debate, la cuestión, el tema. ¿Qué hacemos ahora que ya sabemos quién tiene la razón?

Yo desde luego no pienso hacer nada. Si de mí dependiese, el hombre jamás habría llegado a la luna, puede que ni a Siberia.

Otra cosa es lo que me gustaría. Y ahí viene otra pregunta interesante. ¿Prefiero vivir en una sociedad en la que aquellos que no poseen la razón puedan disfrutar de un espectáculo cruento que nos convierta a todos en algo peor de lo que somos?

No, no y no. Yo prefiero ser mejor. Punto.

Ojalá algún presidente prohíba la fiesta. Así, sin dar demasiadas explicaciones, arriesgándose a no ser elegido nuevamente ni en su comunidad de vecinos, condenándose al olvido de la historia e incluso a la antipatía general de sus ciudadanos. Ojalá el responsable nos haga mejores a todos anteponiendo la razón al gusto de las masas.

De forma que espero el día en el que alguien lo haga. Ese día en el que pueda leer en la prensa que algo que es una vileza moral queda terminantemente prohibido. De esa manera me sentiré un poco mejor ya que sabré que todos seremos un poquito mejores.

Los que tenían la razón y los que no.

13 personas me dan la razón:

Arkadia dijo...

Jo, vaya sermón que nos has echado hoy... ¿Cuándo vas a escribir algo sobre el dia que conociste a Piedrahita?

el náuGrafo dijo...

El otro dia, en mi Pamplona natal, pasé por donde el recorrido del encierro, por donde la entrada a la plaza. Estaba todo en silencio, vacío, tibio sol y tal. Me venian el sonido atronador de las 8 y pico de la mañanaa, con los toros entrando a lo bestia con la gente acojonada y con la adrenalina a mil.

Me vinierno a la mente varias imágenes de movidas chungas ahí acaecidas, como la de Julen Medina, el famoso corredor al que un miura le dejó hecho un trapo. O las cogidas del año pasado, como la de Peio Torreblanca, creo, que le dejó el esternón hecho puré.

Metros más arriba, el punto en que mataron a aquel joven de Alcalá de Heranes.

Vi todo aquel espectáculo hechizante de la vida y la muerte, y pense qué, coño, algo de todo eso me parecía atractivo. El riesgo de medirse ante la fuerza animal, muchas cosas.

También la plaza me pareció de una extraña elegancia, ahi quieta, solemne. Me dije que era una putada que todo fuera tan insostenible desde ese punto de vista racional que dices. (Tb es cierto el tópico de que si se acaba la lidia adiós toro bravo.. y este es un tema de discusión; al fin y al cabo, asi lo pienso, el toro no sufre tanto, diez minutillos de puteo, pero es puto morlanco de 700 kilos, no sufre tanto, dicen los interesados, claro.)

Pensé tb que es una patata caliente de las gordas y que la única manera de que desaparezca será previa prohibición por parte de las instancias europeas.

No obstante, no estoy de acuerdo en que la gracia del toreo resida en la tortura. Esa es una visíón simplista del toreo y nadie está allí para ver cómo joden al animal. Y menos los toreros, que son los más amantes de estos bichos.

Vaya chapa q he soltao para un tema qeu en el fondo, tampoco es me importe mucho.

supercrisis dijo...

Querido Naugrafo, evidentemente mi sermón peñazo del día hace referencia exclusivamente a las corridas de toros. Un encierro es algo diferente, así como otras actividades en las que intervienen animales. Que se suelten toros como castillos para que corran por las calles unos minutos y luego se devuelvan a su lugar no me parece mal. Aparte del estrés que puedan sufrir los animales intentando cornear a tanto guiri de Wisconsin, no me parece que el puteo sea digno de ser prohibido. Y claro que estas fiestas se sustentan en el reto, el riesgo, la hazaña de enfrentarse a la bestia y salir victorioso como rito de paso hacia la madurez y tal. Prohibir los encierros sería como prohibir la hípica, una gilipollez moral, creo.

Que el toro bravo pueda desaparecer es una consecuencia de hacer lo correcto. Puede que el toro quede reducido a reservas protegidas y subencionadas. Especies en vías de extinción hay muchas, ese es otro problema diferente.

Por otra parte el toro sufre, y mucho. Ya desde el picador, que le rompe los tendones del cuello para que no pueda girar demasiado la cabeza, hasta el colofón final en el que se le atraviesa los órganos en repetidas ocasiones si el diestro no es muy… diestro. Ahora bien, el sufrimiento animal también se da en las granjas de pollos etc, etc. Tenemos que regularlas para evitar sufrimiento innecesario pero no prohibirlas ya que cumplen una función alimenticia. De todas formas a mí el sufrimiento animal me la trae al fresco, me preocupa más nuestro sufrimiento moral. Matar a un toro después de hacerle todo tipo de perrerías me parece que está mal y no podemos inventarnos excusas para permitirlo. Eso no se hace y punto. Por eso mismo deseo que se prohíban las corridas de toros.

Nada más y nada menos.

el náuGrafo dijo...

No te falta razón, me temo.

Pero cuando me referia a los encierros me refería a ellos como que son una aperitvo de la lidia, al menos en Pamplona. Se trasladan de los corrales a la plaza, de ahí ese recorrido que se hacia por las calles, y en las un buen dia se pusieron a correr unos mozos delante y se inventó el tema.

Pero hacer encierros por hacerlos, me parece una tontería. Como las corridas portuguesas.

Por otra parte, la existencia de los toros, una cosa tan anacrónica, antidemocrática casi, salvaje, tiene un punto de burla a todas las convenciones establecidas y coñazos que no puedo evitar sentir cierta irracional simpatía hacia el tema.

2.11am, viernes noche. Qué coño hago debatiendo de toros en el blog de supercrisis?? Estoy acabao..

Anónimo dijo...

Con los cuernos mi capitan, con los cuernos...

Bubu dijo...

ay q pena me ha dado, me encant atu blog pero ya no existe ruido perro sniff sniff

Martín dijo...

las acciones de los defensores no pasan de las palabras porque los animales no tienen derechos.

la crueldad es el pan de cada día

Saludos.

silvina magari dijo...

Un buen explorador de la vida no suprime áreas: todo es apetecible.

Este comentario no tiene que ver con los toros churri, es como tomar té en tu buardi. Te quiero.

Anónimo dijo...

gracias por venir deivid, dile a rosario y a su hermana que gracias también, ya te contaré.

campanilla dijo...

mmmm

campanilla dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maria Daniela Salgado dijo...

Que es de la vida de volver a escribir...????

el amigo de ted dijo...

Escribe algo de una vez pendejo!